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De Víctima a Heroína

Hay 2 formas de contar tu historia: como una víctima o como una heroína.

Yo elegí convertirme en una heroína, en la protagonista de mi historia y narrarla para inspirar a otros y ser luz (no para dar lástima).

Durante más de 23 años viví en un infierno.

“¿Pero de qué infierno habla esta mujer?”, se preguntarán algunos.

El infierno de vivir en un ciclo interminable de pensamientos dolorosos, emociones desgarradoras… que me llevaban a intentar quitarme la vida.

Un dolor emocional tan intenso causado por mi diálogo interno que me tenía secuestrada y me repetía a diario que la vida era horrible, que nadie me quería, que estaba sola, que había perdido a la única persona que realmente velaba por mí, que las cosas y las personas a mi alrededor nunca iban a cambiar, que no tenía sentido seguir… que no importaba cuanto me esforzara o qué hazañas lograra, nunca iba a ser suficiente.

Vivía con una voz en mi cabeza que repetía los mismos pensamientos cada día. Vivía pensando en morirme de una vez. Pasaba horas investigando en formas de hacerlo. Le pedía a Dios que me mandara una enfermedad fulminante que me sacara del medio. Le reclamaba y lo chantajeaba diciéndole que, si realmente era un Dios de amor, no me iba a tener aquí sufriendo más. Me peleaba con Él y le decía que era sádico por no permitir que me fuera, porque por más que intentaba acabar con mi vida (¡¡¡EN SERIO!!!), nada funcionaba. Siempre sobrevivía.

Al principio ocurrían situaciones extrañas en las que alguien se daba cuenta y me llevaban a tiempo al hospital. Pero luego de un tiempo, con más experiencia, los escenarios eran inexplicables. Ni los médicos entienden cómo es que estoy aquí y como mi cuerpo se recuperaba de una forma milagrosa.

Hasta que un día, Dios me llevó a mi propia “Cabaña”. Si no saben de qué les hablo, les recomiendo la película o el libro. Sin planearlo, terminé en Barcelona, en un hogar lleno de amor, de luz, de energía alta, de vibraciones positivas.

Ahí, Dios me tenía preparadas las respuestas a mis preguntas. Me dejó claro que en mi destino no estaba escrito morir quitándome la vida, que ya no lo intentara. Descubrí que en esos 23 años nunca estuve sola. Siempre estuve rodeada de mis ángeles, de mis guías. Y que, en esos momentos complicados, ellos salían a mi rescate y ellos se han encargado de regenerar mi cuerpo. Realmente es un milagro que esté como esté y eso se lo debo a ellos.

A partir de ese DESPERTAR, pude empezar a estar receptiva a lo que la vida / Dios me querían decir. Entendí que yo tenía el poder de crear el infierno o el cielo en mi vida.

¿Adivinen qué elegí? 100% el cielo.

Comprendí que no me quería morir, solo no quería seguir viviendo como hasta ese momento. La frase “cambia tu forma de pensar y cambiará tu manera de vivir” no es cliché, no es un decir… ES LA REALIDAD. Porque nuestra realidad se crea en nuestra mente a través de nuestros pensamientos. Así de poderoso es nuestro diálogo interno. Los pensamientos generan emociones, las emociones dan lugar a acciones y de esas acciones surgen las experiencias que vivimos.

Tomé la decisión, porque sí, la vida se reduce a decisiones, así de fácil y así de complejo… tomé la decisión de transformar mis pensamientos, de enfocarme en lo positivo, de estar consciente de lo que me estaba diciendo para que en el momento que surgiera un pensamiento negativo o mi mente se fuera al pasado doloroso, pudiera sustituirlo por un pensamiento positivo y enfocarme en el presente.

Decidí dejar de ser víctima y convertirme en la protagonista de mi historia. Entendí que de lo único que tengo control es de mí misma, de mis pensamientos (qué me cuento) y de mis emociones; y que, si cambiaba eso, mis acciones y mis experiencias iban a comenzar a ser diferentes.

Los demás seguirán siendo iguales, porque cada quien tiene su propio proceso. No puedo tener a la familia que hubiera deseado o la niñez que me hubiera permitido crecer sana y sin heridas. Pero sí tengo el poder de rescatarme a mí misma y a través de mi esencia, desde el lugar de una adulta darle a mi niña interior todo el amor que tanto anhelaba, sostenerla, comprenderla, sentir compasión por ella.

Y hacerle saber que ahora me tiene a mí, que no necesita seguir buscando fuera, que yo soy la única persona que va a estar con ella siempre y que va a ser incondicional. Dejé de causarle y causarme daño y comencé a darle y darme amor, protección y seguridad. Comprendí que yo soy mi persona favorita, nadie más.

Acepté el reto que conllevaba mi toma de consciencia, mi despertar… y decidí emprender el camino hacia una vida plena, feliz. Aprendí que este no es un proceso lineal, pero que las caídas son cada vez más suaves y que tengo la capacidad de regresar a mi centro cada vez más rápido.

¿Es fácil? No, pero los resultados valen la pena. Esto requiere de entrenamiento. De desaprender lo que hemos aprendido hasta ahora para poder integrar una nueva información en nuestra vida.

Una vez que pude estar en paz y ver la vida desde otra perspectiva, entonces empezaron a cobrar sentido algunas de las técnicas que había aprendido a lo largo de los años. Pero estoy convencida de que por más que tengamos y aprendamos infinidad de herramientas, si no despertamos y tomamos consciencia, no sabremos cómo aplicarlas en nuestra vida para que nos potencien.

Y créanme que sí es posible crear el cielo en nuestras vidas una vez que tomamos la decisión de tener pensamientos potenciadores y de poner el foco en lo positivo y en nosotros mismos.

Tu historia puede doler o puede inspirar… ¡Tú eliges cómo contarla!

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